El principio, de un día más

Son las 8:20 de la mañana, suena mi discreta alarma del móvil, sé que es el momento de despegarme de las cálidas sabanas que me envuelven desde las 23:55, pero aún no me voy a levantar, sé que durante diez minutos u once, me levantare y procederé a vestirme, lavarme la cara, etc.
Venga, ¡Es la hora¡ Debo levantarme.
Mi desayuno está compuesto siempre por un vaso de zumo de naranja natural y un Cola Cao en una taza grande, acompañado de unas cuantas galletas. Controlo la hora a medida que voy tragándome el desayuno lentamente, no debo preocuparme mucho por el tiempo, al fin y al cabo, siempre ando con algo de tiempo. (O eso es lo que me hago creer)
Termino mi desayuno, y me cepillo los dientes a una velocidad veloz, malo para mi esmalte, pero bueno para mi poco tiempo de descuento antes de coger el bus.
Salgo lanzado de casa hasta llegar a la parada del bus, allí me quedo a la espera, pero no se demora demasiado, y aparece el transporte que me llevara a mi rutina diaria, o al menos cerca de allí.
El momento del bus, siempre suele ser el más placentero del día, porque pienso, que al menos durante 15 minutos, solo existo yo y la música que suena en mis oídos, es tan placentero este momento, que en ese instante, pagaría por quedarme en ese mismo sitio durante horas, concretamente atrás del todo, donde no existes para la mayoría de los pasajeros, la zona más o menos invisible de todo el autobús. Donde puedes soñar que no llegaras jamás a ese maldito destino que te espera. Pero como en los mejores sueños, existe un momento en el que debes despertar y ese momento es cuando llegas a tu parada, en ese preciso momento, dejas de ser invisible, dejas de sentir tranquilidad, dejas de soñar despierto.
Me dispongo a bajar, a mi lado casi siempre hay mujeres con cara de no haber dormido nada en toda la noche, seguramente se quedaron viendo algún programa de cotilleos o puede que sus maridos roncasen fortuitamente superando los decibelios permitidos. Quien sabe, sólo ellas sabrán la verdad.
Lo único positivos de bajarme en esta parada, es que de frente se puede apreciar la playa, cuando dispongo de algunos minutillos extras, ósea casi nunca. Me quedo contemplando el más allá del mar, y siento paz en el pecho, es muy hermoso mirar el mar y escuchar el sonido de las olas, sobre todo por la mañana, porque pienso: Hoy ha vuelto amanecer y quien sabe que traerá la marea.
Este momento supera hasta el del autobús, no hace falta ni que lo diga. Pero como todo lo bueno acaba, esto desafortunadamente no va ser la excepción. Lástima no ser esa gaviota que vuela mar adentro.
Me dirijo a cruzar la carretera mientras el semáforo parpadea con un color verde luminoso, al mismo momento puedo observar a los conductores ansiosos con un pie en el acelerador y otro en el freno. Seguramente lleguen tarde al trabajo, o se estén hartando de tener que ver como camino lentamente mientras el semáforo cambia de color.
Me adentro por una calle, donde nada más llegar se puede apreciar una tienda de camas y colchones, en ese momento pienso, el destino es cruel conmigo.
Poco a poco llego a mi destino, aunque mi reloj me indica que faltan dos minutos para llegar a mi hora, rodeo una calle con mucha vida, donde un frutero intenta venderle a una mujer unos plátanos tan verdes que ni el mono más hambriento se los metería a la boca. También tengo la suerte de pasar por un salón de juegos que tiene más luces que un puticlub a las cuatro de la mañana, y gente y más gente con la que me cruzo por esta calle. Un mendigo, un hombre trajeado, un repartidor de Coca Cola, ¿serán conscientes de que les observo cada mañana? A lo mejor ellos se preguntan lo mismo acerca de mí, ¿Dónde ira ese chico rubio con cara de sueño? A lo mejor hasta escriben un relato absurdo como el que yo estoy redactando ahora mismo. No, no lo creo.
Mi recorrido por esta calle llena de vida llega a su fin, y con ella, mi libertad. Todo el mundo va para un lado y otro, otro día más que comienza para todo el mundo, algunos felices y otros no tanto, ¿pero acaso importa? Lo único que importa es que ya estoy en la puerta del trabajo, y este solo es el principio, el principio, de un día más.

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