Resumiendo Mis Veintidiez
Resumiendo mis veintidiez, veintinueve dicen que aparento, más de cientos escritos que jamás vieron la luz. Algún que otro secreto que se me escapo y otros cuantos que se aliaron con mi silencio.
Removiendo recuerdos como arenas movedizas, resumiendo la alegría que entró por mis ojos y la tristeza con la que salió, me atrevo a contar lo que una vez pasó.
Resumiendo mi niñez, tierna y feliz época de amistades con un balón desgastado y tardes eternas después del colegio. Tiempo nostálgico con una Game Boy en la mano y muchos sueños dentro de una mochila pesada llena de libros. Días de verano con las piernas muy cortas, una historia de unas zapatillas, un buen amigo alemán que jamás regreso y una dulce abuela decorando mi fugaz inocencia. Me cortaron las alas en clase por culpa de algún que otro profesor, me sentí diferente y algo estúpido entre tanta multitud. Hasta aquí me sinceraré y es que podría decir mucho más, pero una sobredosis de recuerdos se apoderaría de mí.
Resumiendo lo que vino después, adolescencia confusa llena de gafas y complejos, con granos y una melena larga que me afeaba aún más. Espejos que no consolaban con mentiras piadosas. Rechazos de chicas y alguna que otra carta de amor, que lamentablemente jamás vieron la luz.
Tiempo de cambios y alguna que otra mala compañía que nunca hicieron meya. Fracaso escolar y sin saber muy bien qué dirección tomar. Mi vi perdido en medio de algún lugar.
Días sin vida, tiempo perdido y un lugar oscuro lleno de recuerdos que prefiero no recordar.
Cambio de vida, de una manera rápida e intensa, tiempo de cambios, tiempos nuevos que marcarían un antes y un después en mi vida.
Una moto roja con nombre japonés, me dejo huella en mi brazo y en un dedo que duele cuando cambia el tiempo y llueve. Los complejos disminuyen y los espejos de vez en cuando me corresponden. El mundo me parecía un limón pero yo tenía ganas de estrenar un corazón.
Llego un tiempo inesperado, donde una chica con el pelo dorado me hizo sentir amor en mi poco estrenado corazón, felicidad adolescente que corría por mis venas, inspiración que nacía desde lo más profundo de mi ser, noches mágicas y días ilusionantes, trascurrían en una época donde hasta los días de lluvia eran sinónimo de amor.
Pero cuando el tiempo hace resumen los sueños se vuelven pesadillas y la vida se convierte en una nube negra difícil de despejar. Y así sucedió. Un dios triste y envidioso nos castigó y caí del cielo al infierno en un suspiro, y es que en un instante todo puede cambiar y convertirse en un horror. Al fin supe lo que había después del amor. De los besos y de los te quieros. Y cuando crees que al fin sabes todo eso, sucede algo peor, algo que no tiene remedio.
Y entonces sucede, y un hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos, salió de mis adentros, cuando perdí aquella abuela que aún vive en mis recuerdos.
Resumiendo días en blanco y negro y pedacitos de corazón esparcidos en una verbena. Que para siempre se perdieron y sin hacer mucho ruido desaparecieron como desaparecen las hojas secas del otoño que una vez cayeron.
Naufrague y me refugie en aquel lugar donde las cuestas son empinas y las bajadas no tienen frenos. Acabe donde todo comenzó, en ese lugar ¿Y es que como huir cuando no quedan islas por naufragar? Paso el tiempo y un buen amigo y los poderes curativos de algo llamado poesía me ayudo y vi ese sol brillante amanecer entre oscuras nubes negras.
Y un día cualquiera, una personita de baja estatura apareció con su gran corazón, se alió sin quererlo o quizás queriendo con mi triste situación. Le rompí el corazón como se rompe un cristal de una ventana con un balón. Sin quererlo sucedió.
Lágrimas en sus ojos y una fuerte amistad que pronto se forjó. Tiempo en el que experimente lo que es el verdadero amor y es que ese gato con nombre de muñeco siempre tendrá un hueco en mi corazón.
Pasaron veloces los años como un Chevrolet sin frenos, y es que debo confesar que el miedo se a dueño de mi persona, y es que estuve muerto, como los poetas olvidados, y sin coger un bus, anduve caminado sin encontrar consolación, Ella tenía los ojos tristes y yo ciego de mí, no los vi. No hasta que fue demasiado tarde, tan tarde que vi cómo una espada me partía en dos, ¡y vaya que si me partió! Le dije adiós con toda la tristeza del momento, tanto fue así que hasta mi alma lo sintió.
Tiempo triste y con muchas decepciones se vivieron en aquellos momentos terribles y es que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, como me dijo aquel señor.
Aprendí a volar solo y llegue hasta un lugar que no recordaba y que estaba al otro lado de una burbuja y allí, con un poco de miedo y otro poco de ilusión apareció una venus latina que me resucitó.
Pequeñas dosis de valor se inyectaban en mis venas y es que sin saberlo estaba a punto de ser el principio de un nuevo comienzo y del que nunca creí vivir.
Y resumiendo desengaños, fracasos, alegrías fugaces y momentos únicos que desgraciadamente o afortunadamente no volverán, me animo a seguir viviendo para poder seguir escribiendo y es que aún hay mucho que contar en esta hoja blanca donde una vez todo comenzó.


Comentarios
Publicar un comentario