Autorretrato

Enri J Paramás nació una media noche de mayo. Al nacer me reía hasta que me hicieron llorar porque la vida trataba de eso, era una avance real. 

A los 5 años dibujaba un mundo de superhéroes, donde varios animales se unían para salvar un mundo corrompido por los hombres.


A los 9 quise volar pero me cortaron las alas al despegar.

Quise ser futbolista cómo Beckham pero mi puntería no era tan buena. Y me tuve que resignar. 

Quise ser  tantas cosas sin saber que ser, pero Dios sabe porque fue.

Tuve una infancia feliz, no diré lo contrario.

siempre tuve amigos con los que salir, tazos en mis bolsillos y una mochila pesada llena de libros.


A los 15 comencé a escribir, en secreto, en silencio y solo para mí, no sabía lo era el amor.

A pesar de que el mundo me parecía un limón yo tenía ganas de estrenar un corazón.

A los 17 me enamoré como un imbecil y hasta los días de lluvia eran sinónimo de amor. 

A los 19 me rompieron el corazón y

al poco tiempo se me fue lo que tanto yo quería y supe lo que era el verdadero dolor. 

Quise vivir en una burbuja y no salir de mi zona de confort. 


Tiempo perdido, tiempo intentando sanar lo que ya no era mío. 

Poco tiempo después supe lo que era el verdadero amor y es que ese gato con nombre de muñeco llenó mi corazón. 

Tiempo en el que escribir era la mejor medicina, gracias a eso conocí los poderes curativos de la poesía.

Rompí y me rompieron en mil pedazos, y es que me lo merecí por no saber decir te quiero. 

Perdido me encontré como un gato sin dueño, anduve y anduve sin encontrar consuelo.

Y un buen día lejos de aquella burbuja encontré lo que tanta falta me hacía.


Experimente lo que es viajar, sentí lo que tanto anhelaba dentro de mi.

Los sueños parecían reales y el tiempo perdido se convirtió en tiempo invertido. 

Sin embargo de vez en cuando pierdo el apetito, me siento y contemplo la luna desde mi ventana, veo llover, como chocolate, escribo y recuerdo por un instante lo que un día me hizo feliz. 

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