El Equipaje Que No Se Ve

 Viajar siempre ha sido sinónimo de felicidad, emoción y misterio.

El cóctel perfecto para despistar, aunque sea por un tiempo, a esa rutina que nos devora día tras día.


Pero quizá no todo es tan bueno.

Porque hay pensamientos que, por más que uno cambie de lugar, se cuelan igual.

Sí, hablo de ella.


Es difícil explicar lo que siento. Sé que dejarla atrás —justo ahí, en el mismo sitio donde los recuerdos ya no duelen— es, probablemente, la mejor opción para que mi mente y mi corazón puedan respirar tranquilos.

Pero ella sigue apareciendo.

Se cuela en mis pensamientos como una hormiga que trepa por la corteza de un árbol y encuentra mil agujeros donde esconderse.


Sé que mi corazón la espera.

Y sin embargo, me consuela imaginar que ella estará bien… que estará mejor sin mí.

Supongo que me autoengaño pensando que si ella está bien, entonces ¿por qué no iba a estarlo yo?


Hay amores que solo pueden vivir dentro de nosotros.

Lo sé.

Amores que, aunque intentes enterrarlos con kilómetros y paisajes nuevos, no se van.


Así que sí, pienso en ella en cualquier descuido, en cualquier rincón o circunstancia.

Y sobre todo, pienso si ella pensará en mí.

Nunca lo sabré.


Lo que sí sé es que los viajes se acaban…

Pero este sentimiento, no.


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